Santo Domingo Savio «La amistad, una virtud heroica»

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David Rocha

Joven de virtudes sencillas y de un corazón apasionado por la Santa Eucaristía, por la confesión y amor a la Virgen María; Ella le regaló el preciado momento de vivir la definición del dogma de la Inmaculada Concepción en 1854. Ahora bien, Santo Domingo fue un gran apóstol de la juventud, que con tan solo 15 años fue llamado por Nuestro Señor a su gloria eterna un 6 de mayo de 1857.


En este artículo, queremos resaltar la gran sed de almas de este pequeño héroe, que hizo del centro de su vida la frase “Da mihi animas caetera tolle” (Dadme almas y llevaos las demás cosas) que aprendió desde infante de su padre espiritual San Juan Bosco. Es así, que Domingo no perdía ni un solo instante y siempre estaba buscando la mejor forma de llevar a sus amigos del oratorio por las sendas de la santidad.

Nadie tiene amor mayor que esté, de dar uno la vida por sus amigos (San Juan, 15:13)


Una frase llena de heroísmo, la misma que Santo Domingo Savio sabrá realizar: “acercando a sus compañeros a Dios, aumentando su devoción a la Madre de Dios y su espíritu de sacrificio.”

“¿Quieren que el sábado vayamos a confesarnos? Preguntaba Domingo a sus amigos.

En general decían ellos que sí, y continuaban en el juego. Domingo también continuaba jugando, pero no perdía de vista a los que habían dado su sí, y todos los días por un motivo o por otro, les recordaba aquel sí y les iba enseñando el modo de confesarse bien.

Llegando el sábado, cual cazador que ha hecho buena presa, los acompañaba a la iglesia, se confesaba él primero, y las más de las veces prevenía al confesor, y luego ayudaba a los compañeros a hacer la acción de gracias. Estos hechos, que se repetían con frecuencia, eran para él de muchísimo consuelo y de grandes ventajas para sus compañeros, pues sucedía no raras veces, que un niño que no había sacado ningún fruto del sermón que había oído en la iglesia, se rendía después a las piadosas insinuaciones de Santo Domingo.

 Acontecía a veces que alguno le engañaba con buenas palabras toda la semana, y llegado el sábado, no se dejaba ver al tiempo de confesarse; pero Domingo apenas lo veía de nuevo, decía en broma: ¡Ah, pillo, la buena que me hiciste!

  • Pero hombre -le respondía el otro- si no estaba preparado, no me hallaba…”
  • Pobrecito -añadía Domingo- has complacido al demonio que seguramente estará bien contento de ti, ¡Ea vamos; haz la prueba!, anda a confesarte; hazlo bien y ya verás de cuánta alegría se te llenará el corazón.

En general el que se había confesado volvía entusiasmado donde Domingo:

“Es verdad, -le decía- de veras que estoy contento; de hoy en adelante me confesaré más a menudo”.1

Domingo sobre todo hacia apostolado con el ejemplo, desde los 4 años ya rezaba solo y asistía devotamente a la Santa Misa, si el templo se encontraba cerrado, él se arrodillaba, y se quedaba haciendo sus oraciones hasta que fuese abierto.

<<Morir antes que pecar>> decía Domingo Savio a sus 7 años.

“Un día un compañero de Domingo lo invitó, para que mirara y contemplara el espectáculo, aquel espectáculo no era algo que agradara a Dios. Domingo ni siquiera miraba tal espectáculo lleno de placer y sensualidad; por cuya razón le criticó un compañero diciéndole:

  • ¿Para qué tienes ojos si no te sirves de ellos para mirar estas cosas?
  • Yo cuido mis ojos para ver algo mucho mejor que eso… para ver las maravillas de Dios, para contemplar el rostro de nuestra celestial Madre, María, cuando, con la gracia de Dios, sea digno de ir a verla en el Paraíso.

Domingo Savio tenía una especial devoción al Corazón Inmaculado de María. “María -le decía- quiero ser para siempre hijo tuyo”.2

Así nos demuestra con su corta edad Domingo Savio, que el guardar nuestra mirada y levantarla solo para contemplar la belleza de Nuestra Señora.

El remedio más poderoso contra el pecado de la carne es cuidar nuestra mirada, identificar lo que nos deleita, lo que podría detonar la impureza, para inmediatamente cortarlo de raíz.

El escudo más fuerte que tenemos es el Santo Rosario. Hombres, debemos salir de la esclavitud de las imágenes que hemos permitido que entren en nuestra memoria, la oración es de vital importancia y es de verdaderos hombres el revertir ese apego al placer y volver a lo que es verdadero, a cuidar la castidad, y nuestra masculinidad. Para así ser luz para nuestros compañeros.

 Aquel joven, en su corta edad, impedía que protestantes se acercasen al oratorio de Don Bosco, Domingo se preocupaba de sus amigos, como ahora nos preocupamos y hacemos nuestras oraciones por aquellos que el demonio ha logrado confundir con placeres, con amistades que ofenden a Dios, con ambientes que no corresponden a un hijo de Dios.

Su único interés era Dios y como hacer que los demás concentrasen sus energías en servirle mejor a El. Lo que le faltaba en fuerza física la recuperaba en alteza moral, en fortaleza de corazón y en aceptación de la voluntad de Dios cualquiera que esta fuese.

Domingo murió a tan sólo 15 años de edad. Era el 9 de marzo de 1857. Su Santidad Pío XII lo canonizó en el 1954. Exactamente 68 años atrás.3

Es el deseo de quien redacta estas líneas, que, al finalizar este artículo, recuerden a sus primeros amigos en la fe, con los cuales dieron sus primeras batallas en la vida cristina. Y también de aquellos que las flechas del enemigo alcanzaron, para pedir especialmente en este día a Santo Domingo Savio que interceda por todos ellos y por nosotros, ante Nuestra Señora, para que, alcanzando la santidad, llegamos a gozar de las eternas bienaventuranzas.

Notas. –

  1. Colección “Honor de Dios”, Santo Domingo Savio. El sábado a confesarse. p.25
  2. Colección “Honor de Dios”, Santo Domingo Savio. Devoción a la Madre de Dios. p.25
  3. PONTIFICIUM OPUS A SANCTA INFANTIA, SANTO DOMINGO SAVIO TAN PEQUEÑO Y TAN SANTO. Vatican.va.

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