¿Quiénes Fueron los Reyes Magos?

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El de 6 de enero la Iglesia conmemora la Epifanía del Señor, es decir la llegada de los Reyes Magos de Oriente para adorar a Nuestro Señor Jesucristo en la gruta de Belén. Pero, ¿Quiénes fueron en verdad, los Reyes Magos? ¿Cuántos fueron? ¿Son Santos? ¿Porque eran Magos? ¿Cuáles eran sus nombres? ¿De dónde vinieron? ¿Qué los impulsaba?, son preguntas extremadamente interesantes para estudiar a la luz de la fe y de la tradición católica.  

La narración de San Mateo (Mt 2, 1-12) contiene todo lo que es necesario para la fe. Sin embargo, con el beneplácito y la aprobación de la Iglesia, la piedad popular añadió muchos otros pormenores que fueron transmitidos por tradición oral y que hoy son aceptados sin contestación alguna.

¿Qué dice la Tradición sobre su número, condición, proveniencia y destino?

Aquí es donde entra el papel del gran San Beda, el Venerable (673-735), Doctor de la Iglesia y monje benedictino en las abadías de San Pedro y San Pablo en Wearmouth, y en la de Jarrow, en Northumberland, Inglaterra.

En el tratado Excerpta et Colletanea, el Doctor de la Iglesia recoge así las tradiciones que llegaron hasta él:

Melchor era un viejo de setenta años, de cabellos y barbas blancas, habiendo partido de Ur, tierra de los caldeos. Gaspar era joven, de veinte años, robusto y partió de una distante región montañosa, cerca del Mar Caspio. Y Baltasar era moro, de barba cerrada y con cuarenta años, partió del Golfo Pérsico, en la Arabia Feliz”.

Es, pues, San Beda quien por primera vez escribió el nombre de los tres. Nombres con significados precisos que nos ayudan a comprender sus personalidades. Gaspar significa “aquel que va a inspeccionar”; Melchor quiere decir: “Mi Rey es Luz”, y Baltasar se traduce por “Dios manifiesta al Rey”.

Para San Beda —como para los demás Doctores de la Iglesia que hablaron sobre ellos— los tres representaban las tres razas humanas existentes, en edades diferentes.

En este sentido, ellos representaban a los reyes de todo el mundo.

También sus regalos tienen un significado simbólico. Melchor dio al Niño Jesús oro, lo que en la Antigüedad quería decir reconocimiento de la realeza, pues era un regalo reservado a los reyes.

Gaspar le ofreció incienso (el olíbano), en reconocimiento de la divinidad. Este regalo era reservado para los sacerdotes.

Por fin, Baltasar hizo un tributo de mirra, en reconocimiento de la humanidad. Pero como la mirra es símbolo del sufrimiento, se ven en ella prenunciados los dolores de la Pasión redentora. La mirra era el regalo para un profeta. Era usada para embalsamar cuerpos y representaba simbólicamente la inmortalidad.

De esta manera, tenemos al Niño Jesús siendo reconocido como Rey, Dios y Profeta por las figuras que encarnaban a toda la humanidad.

En coherencia con esta visión, la exégesis católica interpreta la llegada de los Reyes Magos como el cumplimiento de la profecía de David: “Los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo, los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; póstrense ante él todos los reyes, y sírvanle todos los pueblos” (Sal 72, 10-11).

¿Qué pasó después con los Reyes Magos?

De acuerdo con una tradición acogida por San Juan Crisóstomo, Padre de la Iglesia, los tres Reyes Magos fueron posteriormente bautizados por el Apóstol Santo Tomás y trabajaron mucho para la expansión de la fe (Patrología Griega, LVI, 644).

La fama de santidad de los Reyes Magos llega hasta nuestros días.

Sus restos son venerados en la nave central de la Catedral de Colonia, en una magnífica urna de oro y piedras preciosas que extasía a los visitantes.

Sus reliquias fueron descubiertas en Persia por la emperatriz Santa Elena y llevadas a la capital imperial Constantinopla. Después fueron transferidas a otra capital imperial —Milán—, hasta que fueron guardadas definitivamente en la Catedral de Colonia en 1163 (Acta Sanctorum, t. I, p. 323).

¿Por qué eran “magos”?

Existe una gran dificultad en identificar con plena exactitud geográfica los países de procedencia de los Reyes Magos, fuera de los datos de la Escritura y de San Beda.

Sin duda, su carácter de “magos”, reconocido por el Evangelio de San Mateo, nos señala un área de la civilización caldea (cuyo centro estuvo en el actual Irak, pero que incluyó a diferentes países vecinos, entre ellos Irán).

El nombre “mago” provenía del hecho de que los sacerdotes de aquella región eran muy proclives hacia la consideración de los astros. A ellos le debemos el comienzo de la ciencia astronómica.

Con la decadencia moral, los “magos” caldeos se transformaron en una especie de brujos, difusores de toda clase de supersticiones.

Los Tres Reyes Magos habrían sido los últimos sacerdotes honrados de aquel mundo pagano, que aspiraban a conocer sinceramente al Salvador.

En este caso, fueron ejemplos arquetípicos del pagano de buena fe que desea conocer la verdadera religión, y que, ni bien la encuentra, se adhiere a ella sin demoras ni restricciones.

¿Fueron “reyes”?

Se discute también en qué sentido pueden ser llamados “reyes”, pues no se conoce su procedencia y menos aún la localización del reinado.

No obstante, en la Antigüedad, muchas veces los patriarcas, o jefes de grandes clanes, o grupos étnico culturales, gobernaban con poderes propios de un rey, sin llevar ese título o algo equivalente. Y su reinado se concentraba sobre su hueste, a veces nómada.

San Juan Damasceno no rechazaba que ellos fueran descendientes de Set, tercer hijo de Adán. Y este pormenor nos lleva de a un antiguo documento conservado en los Archivos Vaticanos. “La revelación de los Magos”. ( El apócrifo “La revelación de los Magos” aparenta ser un relato de primera mano del viaje de los Reyes de Oriente para homenajear al Hijo de Dios. Solo en 2013 fue traducido del siríaco antiguo. El mérito es del Dr. Brent Landau, profesor de estudios religiosos de la Universidad de Oklahoma, Estados Unidos, que dedicó dos años para descifrar el frágil manuscrito. Se trata de una copia hecha en el siglo VIII a partir de algún original perdido que, a su vez, fue trascrito medio milenio antes. Por lo tanto, la fuente original de este apócrifo sobre los Reyes Magos se remonta a menos de un siglo después del Evangelio de San Mateo.)

La estrella que los guio

El referido manuscrito está en la Biblioteca Vaticana hace por lo menos 250 años, pero no se sabe nada más sobre su procedencia.

Está escrito en siríaco, lengua hablada por los primeros cristianos de Siria y aún hoy, así como de Irak y de Irán.

El Prof. Landau sostiene que en el “apócrifo” entra mucha imaginación. Pero, contiene una amplia descripción de las supuestas prácticas, culto y rituales de los Reyes Magos.

Puestas, claro está, las debidas salvedades en el apócrifo,leemos en él que Set trasmitía una profecía, que tal vez oyó de su padre, Adán, de que una estrella aparecería para señalizar el nacimiento de Dios encarnado en un hombre.

Premio a una fidelidad de siglos

Generaciones de Magos habrían aguardado durante milenios hasta que la estrella apareciera. ¡Misterios de la fidelidad! ¡Milenios aguardando, generaciones muriendo en la esperanza y trasmitiendo a sus hijos el anuncio de un día remoto en que el mundo recibiría al Salvador!

Según el Prof. Landau, el “apócrifo” dice que la estrella al final “se transformó en un pequeño ser humano luminoso que fue Cristo, en la gruta de Belén”.

La afirmación no es procedente si la interpretamos al pie de la letra. Pero, tomando en cuenta el estilo altamente poético de Oriente, podríamos suponer que el brillo de la estrella de Belén convergió en el Niño Jesús y desapareció.

Y, de hecho, después de encontrar al Niño Dios, los Magos no volvieron a ver la estrella. Alertados por un ángel, regresaron por otro camino a sus tierras, como lo enseña el Evangelio de San Mateo, que no vuelve a mencionar más a la estrella.

¿Que pedirle a los Reyes Magos en el día de la Epifania?

El ilustre pensador y lider católico el Prof. Plinio Correa de Oliveira el 5 de enero de 1965, nos da la respuesta:

«La Estrella para los Reyes Magos Fue Nuestro Señor, para nosotrso será Nuestra Señora de Fatima»

Pidamos a los Reyes Magos que oren por nosotros – porque ciertamente están en el Cielo con Dios – para que tengamos una de las muchas formas de coraje que se nos pide y que debemos tener, el coraje de estar solos como ellos; solo en el mundo pagano, pero esperando la estrella, esperando la hora de Dios, para cumplir su voluntad cuando aparezca, y cumplirla con toda fidelidad y puntualidad, cuando aparezca.

La hora, para ellos, fue consoladora: fue la hora en que nació el Niño Jesús. La hora, para nosotros, debe ser la hora de la plena realización de los acontecimientos previstos por Nuestra Señora en Fátima —y por la Santísima Virgen de El Buen Suceso*—; pero, en cualquier caso, nos llegará un momento muy preciso en el que una estrella nos dirá que ha llegado el momento esperado. No será una estrella exterior, pero será una voz interior. Será una convicción que los tiempos se consuman, que felizmente ha llegado la hora. Debemos prepararnos para esa hora, para ser modelos de exactitud y fidelidad como lo fueron los Magos, siendo ahora modelos de fidelidad en aislamiento.

Referencias:

  1. Blog Gloria de la Edad Media. Dr. Luis Eduador Dufaur: https://gloriadelaedadmedia.blogspot.com/2013/12/quienes-fueron-los-reyes-magos.html

2. Epifanía del Señor:los magos que representan el la humanidad a los pies del Salvador. Prof. Plinio Correa de Oliveira: https://www.pliniocorreadeoliveira.info/DIS_SD_05_01_65_Reis_Magos.htm#.X_YRitgzbIU

  • Añadido por el autor, debido a la similitud de los mensajes entre estas dos revelaciones Marianas, en aplicación de las palabras del Prof. Plinio Correa de OLiveira para el Ecuador.

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