¿Puede la Iglesia católica coexistir libremente con un régimen comunista?

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Aunque pueda parecer una pregunta retórica el encabezado de este artículo, su respuesta es de enorme importancia. Actualmente, los católicos padecen una enorme persecución a nivel mundial; como lo demuestra, la noticia publicada en ACI Prensa el 14 de junio de 2022, titulada: Informe revela que más de 360 millones de cristianos son perseguidos en el mundo.

Uno de los casos más recientes es el ataque que está padeciendo la Iglesia bajo la dictadura Ortega-Murillo en Nicaragua. Daniel Ortega, aparte de ser el presidente desde el 2007, lidera el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), partido inspirado en la ideología marxista-leninista y en un nacionalismo anticolonialista.

Esta dictadura comunista ha llevado a encarcelar al obispo de Matagalpa, Mons. Rolando Álvarez, gran crítico del régimen, y algunos sacerdotes; comunidades religiosas han sido expulsadas y comienza a haber una enorme restricción de culto.  

Ante estos hechos, cabe plantearse ¿puede coexistir libremente la Iglesia católica en un régimen comunista? Para responder a esta pregunta adecuadamente nos detendremos en un artículo del pensador brasileño y líder católico Plinio Corrêa de Oliveira, titulado: La libertad de la Iglesia en el Estado comunista, 1964.

Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, Fundador de la Sociedad Brasileña de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad, (TFP).

Plinio Corrêa de Oliveira nos demuestra que esa coexistencia podría darse, en efecto, pero con la seguridad de que tarde o temprano la libertad doctrinaria de la Iglesia sea censurada por el Estado comunista. Esta censura se debe a que la doctrina católica es incompatible con la doctrina marxista. Arguye Dr. Plinio:

«La doctrina comunista, atea, materialista, relativista y evolucionista, choca de la manera más radical con el concepto católico de un Dios personal, que promulgó para los hombres una Ley en la cual se recogen todos los principios de la moral, fijos, inmutables y conformes con el orden natural. La “cultura” comunista, considerada en todos y cada uno de sus aspectos, conduce a la negación de la moral y el derecho».

El marxismo anula la libertar doctrinaria de la Iglesia

La doctrina marxista negando la institución de la propiedad privada y otros derechos naturales, considera que la religión es un mito y el opio del pueblo, el cual se encuentra dominado por la clase opresora. La religión serviría, por ende, como una promesa del más allá y, este hombre-proletario, resignado ante los embates del capitalismo, se vería adormilado. Por tanto, el objetivo del Estado comunista es despertarlo y conducirlo a la República Universal donde solo prime la fraternidad, la libertad y la abolición de todo poder del hombre sobre el hombre. Verdadera utopía que ha devenido en opresión, miseria y hambre.  

Los regímenes comunistas, para llevar a cabo su objetivo, se han valido de muchas estrategias. Algunas han sido violentas, otras pacíficas. Las primeras pueden caracterizarse por medio de una radical exterminación de la Religión, quema o cierres de Iglesias; eliminación del clero, prohibición de culto o infiltración de comunistas en la jerarquía eclesiástica. O lo más común, promover la ateización de las masas.

Iglesia de San Francisco de Borja. Incendiada durante las protestas de 2020.

La estrategia pacifista (o tolerante) busca modificar los intereses del Estado comunista de forma gradual. Trocándose los valores primeros de la intolerancia, por la tolerancia, lo malévolo por la benevolencia y la agresividad por la paz, etcétera. No obstante, cabe enfatizar que esta hipotética tolerancia que puede ofrecer un régimen comunista a la Iglesia es tan solo una bomba de tiempo. Porque en materia socioeconómica o política, lo que le interesa a un Estado comunista es instaurar sus dogmas ateos y antinaturales, oprimiendo la libertad doctrinaria de la Iglesia por medio de tres consignas: 1) enseñar su doctrina sin refutar la marxista, 2) no predicar sobre la institución de la propiedad privada y la familia, y 3) si predica sobre la propiedad y la familia, las exponga como ideales de tesis, imposibles en la praxis.

La misión de la Iglesia es defender la Ley de Dios y el Derecho Natural refutando doctrinas erradas

La doctrina católica se caracteriza por su misión docente y misión santificadora. La primera busca enseñar la verdad condenando el error. La segunda se refiere al conocimiento y amor de Dios, la práctica de los sacramentos, etcétera. La misión docente es importante, porque permite refutar las aberraciones de la doctrina marxista y evitar que se implante en la sociedad el Estado comunista.

Así, la Iglesia no puede renunciar a su misión docente por una falsa libertad y promover tan solo el conocimiento o el amor de Dios, propio de su misión santificadora, sino que con más rigor e ímpetu debe instruir a las personas los principios del Derecho Natural. Asevera Plinio Corrêa de Oliveira:

«Si algún gobierno terreno viene a exigir de Ella, como condición para ser libre, que renuncie a la predicación de cualquier precepto de la Ley, Ella no podrá aceptar esa libertad, que no sería sino un simulacro falaz. Afirmamos que sería un simulacro falaz, esa “libertad”, pues la misión magistral de la Iglesia tiene por objeto enseñar una doctrina que es un todo indivisible [la cursiva es mía]. O Ella es libre para cumplir el mandato de Jesucristo enseñando ese todo, o debe considerarse oprimida y perseguida. Si no se le reconociere esa libertad total, Ella deberá —conforme a su naturaleza militante— entrar en lucha con el opresor. La Iglesia no puede aceptar en su función docente un medio silencio, una media opresión para obtener una media libertad. Sería una entera traición a su misión» (pág. 12-13).

Estatua de San Pedro en la plaza del Vaticano.

Con lo expuesto hasta aquí, constatamos que la libertad que ofrece el Estado comunista a la Iglesia, es una libertad fraudulenta, porque niega su libertad doctrinaria, y esta es innegociable. La Iglesia debe, ante todo, denunciar con espíritu profético las doctrinas erradas por su razón docente y santificadora; defender la propiedad privada y la familia. Por tanto, resulta inverosímil una coexistencia pacífica entre la Iglesia y un Estado comunista, porque sus doctrinas son antípodas, y aceptar, por ejemplo, un Estado comunista la difusión de la doctrina católica en sus dominios, sería literalmente un suicidio (o viceversa). Al fin y al cabo, ¿quién asegura que no sufrirá persecución la Iglesia al momento de negociar una coexistencia «pacífica» con un régimen ateo y antinatural?

¡Qué Nuestra Señora de El Buen Suceso nos obtenga a todos la gracia de luchar y el coraje de exclamar non possumus frente a las insidiosas sugestiones del comunismo!

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