Fiesta de Nuestra Señora del Pilar

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Ficha Histórica comentada por el Prof. Plinio Correa de Oliveira

«Desde Jerusalén, Santiago fue a Sicilia y España, con parada en Gadiz. No siendo bien recibido, fue salvado milagrosamente por un ángel, de ser asesinado. Dejó España a encarada a sus siete discípulos. Luego regresó a Zaragoza, donde luego las conversiones comenzaron en gran número, pero los peligros eran muchos, le lanzaron víboras, que las sostuvo tranquilamente en sus manos.

En Granada, fue detenido con todos los discípulos y neófitos. Santiago pidió ayuda a María, que entonces vivía en Jerusalén. A través de los Ángeles, se salvó, y Nuestra Señora le ordenó ir a predicar a Galicia. Más tarde, le sobrevino a Santiago en gran peligro por una persecución contra los fieles de Zaragoza.

Cierta noche el Apóstol estaba orando con unos discípulos, cerca de las murallas de la ciudad. Pidió luces para saber si debía quedarse en la región o huir. Pensó en María Santísima y le pidió que rogase por él a su Divino Hijo, que nada le podía negar. De repente, vio un resplandor celestial descendiendo sobre el Apóstol, apareciendo Ángeles que cantaban un canto armónico mientras portaban una columna de luz cuya base marcaba un lugar específico al Apóstol. La columna era alta y delgada y terminaba con un lirio abierto que lanzaba lenguas de fuego en varias direcciones. Una de ellas se dirigía hacia Compostela.

En el brillo del lirio vio a María Santísima, de blanco claro y transparencia, de belleza y delicadeza mayor que la seda. Estaba de pie, tal como solía orar. Tenía las manos juntas y un gran velo en la cabeza, que caía a sus pies. Apoyó los pies en la flor, que brillaba con sus cinco rayos de luz. Santiago recibió interiormente la advertencia de que se debía construir una iglesia allí y que la intercesión de María debía crecer como una raíz y expandirse. La Virgen le dijo que, una vez terminada la iglesia, regresase a Jerusalén.

Más tarde, una vez finalizada la obra, el Apóstol dio su obra a 12 discípulos que había formado y partió. Y visitó a la Santísima Virgen en Éfeso. María predijo su muerte cercana, consolándolo y reconfortándolo mucho. Entonces Santiago se despidió de María y San Juan y se fue a Jerusalén. Allí fue arrestado y llevado al monte Calvario. En el camino continuó predicando, convirtiendo y sanando a muchos. Decapitado, su cuerpo fue posteriormente trasladado a España. La visión de Santiago dio lugar a la devoción a Nuestra Señora del Pilar».

Es hermoso considerar aquí esta magnífica aparición de Nuestra Señora al Apóstol Santiago, en España: este símbolo de una columna que tiene un lirio en la parte superior y ese lirio, chispeando llamas de fuego. Un lirio, arrojando llamas de fuego, parece llevar una contradicción. El lirio es claro, el lirio es delicado, el lirio parece tan fácilmente quebradizo por el sol. Sin embargo, como nos gusta imaginarnos ese lirio que conserva todo su frescor, que conserva toda su blancura y, al mismo tiempo, arroja una llama de sí mismo que no arde, pero que ilumina todo.

Qué hermoso cuadro sería si un pintor pudiera simplemente responder a esa pregunta: – ¿De qué color debería tener esta llama para ser hermosa, basado en la idea de que sale de un lirio? – ¿Cómo debería ser esa llama? Qué obra maestra de la imaginación, del sentido cromático, del sentido de las formas, se comportaría una pintura de esta naturaleza.

Vemos cuánta belleza hay en esta revelación. Este lirio está en la parte superior de una columna. Y esa columna es una columna delgada. Vemos otro símbolo en la columna y el símbolo es un orden de cosas coronado por el lirio; un soporte, un soporte, que se basa, o mejor dicho, que tiene una parte más resistente, un lirio. Es la idea del cristianismo de la España católica que iba a nacer y que fue coronada por el lirio lleno del amor de Dios, que era Nuestra Señora. Porque, evidentemente, este lirio, si arde, es el Corazón lírico, el Corazón Virgen de Nuestra Señora, lanzando llamas en gran cantidad. Estas llamas quemaron todo el cielo y llegaron a Compostela, donde se ubica exactamente el culto a Santiago, donde se encuentra su cuerpo y donde se realizaron numerosas romerías durante la Edad Media.

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